Cuando alguien me pregunta cómo recuerdo tantas cosas del blog, la respuesta no es una aplicación nueva: es una carpeta de marcadores con notas. Cada enlace lleva una línea escrita por mí, con la fecha en que lo guardé y por qué me pareció útil. Esa línea es lo que convierte una lista muerta en algo que puedo releer meses después sin perder el hilo.
Divido el archivo en bloques temáticos: documentación técnica, historia local, lecturas y ese cajón suelto donde caben las cosas que me piden los lectores. Dentro de cada bloque ordeno por fecha de guardado, no por importancia, porque lo importante cambia y la fecha no. Así, cuando alguien me pregunta por una guía concreta, como la de betfair colombia, la encuentro en dos clics y sé de cuándo es sin abrirla.
La ventaja real aparece al escribir. En lugar de buscar otra vez desde cero, abro el bloque que toca y tengo delante las fuentes que ya había leído. Eso me ahorra ruido, que es justo lo que buscaba cuando decidí apartarme de las redes sociales sin desaparecer del todo. Un archivo pequeño y cuidado rinde más que mil pestañas abiertas.
Al principio guardaba sin notas y acababa con enlaces de los que no recordaba nada. También mezclaba temas y no encontraba lo que buscaba. Ahora podo cada cierto tiempo: si un enlace ya no me dice nada, se va. El archivo queda corto, legible y mío, que es la única condición que le pongo.